"Moita xente pequena, en lugares pequenos, facendo cousas pequenas, pode cambiar o mundo"
Eduardo Galeano

11 de out. de 2015

SARA, LINDSAY, IRLANE E DARA. DÍA INTERNACIONAL DA NENA

Sara 17 anos, Pakistan
"En mi opinión, el objetivo más importante es la educación universal", afirma Sana. La joven pakistaní continúa su razonamiento: "En mi país, el sistema educativo no es bueno. Solo el 25% de las escuelas son adecuadas para las niñas". La joven está convencida de que cuantas más niñas estén educadas, mejor será la sociedad en su conjunto. "Ellas podrán resolver cualquier problema", apostilla. Se refiere a que las jóvenes podrán enfrentarse con herramientas personales a situaciones de vulnerabilidad frecuentes en su país, como el matrimonio infantil —en Pakistán, una de cada cinco menores se casa antes de cumplir los 18 años, según las estimaciones de la organización Girls Not Brides—. Sana asegura que ella se ha librado de ese destino porque su padre cree que la educación es importante. "Tengo dos hermanas y dos hermanos. Todos estudiamos". Pero no todos los progenitores son como el suyo. "En mi pueblo, que tiene 200 casas, las niñas no tienen permitido estudiar. O no pueden porque no tienen dinero", afirma. Por eso, reparte material e imparte clases gratuitas a quienes no pueden permitírselo. Eso es lo que hace hoy, en el futuro quiere ser abogada. "En mi país hay muy pocas letradas que defiendan a mujeres. Y lo necesitan porque cada día las violan, las matan...", explica su elección. "La mayoría de abogados en Pakistán solo se dedican a ganar dinero y no a resolver los problemas de la gente", critica.

Lindsay, 16 años. Filipinas


Lindsay: "En Filipinas hay muchas niñas que sufren. ¡Y yo no lo sabía!" / JAVIER SAURAS
"Educación". Lindsay es rotunda. Cree que cada uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, especialmente la igualdad de género, se pueden conseguir si hay acceso universal a la educación. "En nuestro país hay casos de acoso sexual, embarazo adolescente, matrimonio temprano... Y creo que la educación es la solución a todos estos problemas", detalla. Fue durante un viaje a Manila, cuando Lindsay se dio cuenta de lo grande que era el mundo, tanto que descubrió poblados allí en los que las niñas sufrían violencia y discriminación. "¡Y yo no tenía ni idea!", advierte. Ella, que ya trabajaba en su comunidad en programas de resiliencia frente a desastres naturales (por lo que fue seleccionada para visitar proyectos en Manila), se encontró con otra terrible realidad que no está causada por las inclemencias climáticas, sino por la falta de respecto que algunas personas le tienen a los derechos humanos. Lejos de amilanarse, decidió luchar contra la injusticia. Como defensora de los derechos de las mujeres, pero sobre todo como periodista, "Estudio inglés y comunicación porque creo que dar voz a la gente puede contribuir a solucionar sus problemas", dice.

Irlane, 17 años. Brasil

Irlane es una de las autoras de 'La declaración de las niñas de Brasil'. / JAVIER SAURAS
Fue en el seminario Es mi turno, impartido por la ONG Plan Internacional en Brasilia, en el que las 18 adolescentes asistentes decidieron redactar La declaración de las niñas de Brasil, un documento en el que exponían los objetivos que, según ellas, son prioritarios para las menores de su país. "De los 17, creemos que tres son fundamentales. La salud, la protección y la educación", apunta Irlane. "En Brasil no tenemos un servicio de atención sanitaria especializado para mujeres. Tampoco la policía y somos más vulnerables. Y respecto a la educación, no todos los niños reciben una formación de calidad y, peor aún, las chicas no pueden especializarse en la formación que es considerada de hombres. Deberíamos poder cursar lo que queremos", enumera. La realidad a combatir es muy distinta de la que reivindica: "Muchas adolescentes se quedan embarazadas y dejan el colegio".

Darakhashan, 15 años. Pakistán

Para Darakhashan, la educación es fundamental para salir de la pobreza. / JAVIER SAURAS
"Tengo una historia que quiero compartir. Tengo una tía que cuando tenía 14 años, su padre quería casarla. Ella se negó porque quería estudiar y pensaba que era muy joven para formar una familia. Pero al final se casó. Forzada. Yo tenía nueve años, vivía en el mismo pueblo y me preguntaba si a mí me pasaría lo mismo. Con 15, mi tía tuvo su primer hijo. Han pasado seis años y ahora tiene cinco. Mis padres, como yo, han conocido la situación de mi tía, y la ven trabajar duro para cuidar de su extensa familia. Cuando yo misma cumplí 15 años, mi padre decidió que ese no debía ser mi destino, sino que debía continuar mi educación. Y ahora estoy en Nueva York gracias a él". Con este relato, Darakhashan explica su compromiso personal contra el matrimonio infantil en su país. Trabaja en colaboración con ONG que operan en su zona, como Plan Internacional. "Formo parte de un grupo de 13 chicas que nos dedicamos a advertir a los padres de los riesgos de los casamientos tempranos. Vamos puerta por puerta dando charlas a las niñas y sus progenitores", detalla. Algunas veces, reconoce, sus interlocutores les cierran sus hogares pues consideran que sus ideas sobre los beneficios de asistir a la escuela o respecto a la salud femenina son peligrosas. "Pero volvemos una y otra vez e insistimos".